Cuestión de principios

Derecho, siempre delante de uno, no se puede ir muy lejos.
— Antoine de Saint-Exupéry

¿Cómo nos movemos por el mundo...? ¿Vamos con prisa? ¿Con la mirada atrapada en la pantalla del móvil? ¿Con inseguridad? ¿Nos permitimos alguna vez, sencillamente, confiar? Movernos sobre dos ruedas, como hemos hecho en buena parte de este viaje, puede llegar a ser una experiencia, más que educativa, transformadora. La bici ha sido nuestro  medio de transporte cotidiano, y nos ha obligado –junto con nuestra hija– a un cambio de ritmo, un cambio de perspectiva, un cambio de sensibilidad.

Durante los primeros meses de nuestro viaje, recorriendo varios países de Europa, fueron muchas las veces en que tuvimos que subir a pulso todo nuestro equipaje (dos bicicletas plegables, dos remolques grandes, una alforja llena a reventar, y un asiento para bebé) a algún tren, cuando no había escaleras mecánicas ni ascensores en la estación. En esas ocasiones pensábamos en quienes van también sobre ruedas, pero no por elección propia sino por destino. Pensábamos en sus dificultades, en la dureza de vivir en un mundo que no está diseñado para ellos (del mismo modo que el mundo y la mirada adultas producen espacios tantas veces inhóspitos para los niños). Por eso, cuando conocimos a Antonio Aramayona, nos sentimos inmediatamente hermanados con él en su lucha... y en su destino de moverse por el mundo en silla de ruedas.

 Entrevistando a Antonio junto al portal de la Consejera

Entrevistando a Antonio junto al portal de la Consejera

Antonio fue, no hace tanto, un profesor de filosofía de la escuela pública. Un profesor inconformista, iconoclasta, rebelde e instigador de conciencias. Hoy es un hombre que no se resiste al silencio y a la inmovilidad, y por eso cada día desde hace más de un año, llueva o luzca el sol, se planta ante el portal de la Consejera de Educación de Aragón reclamando algo tan razonable e imprescindible como una educación pública de calidad para nuestras hijas e hijos. Por eso fuimos hasta su ciudad, Zaragoza, y quisimos acompañarle –nosotros, en nuestras bicis, él en su silla de ruedas– en su batalla cotidiana.

Nuestro recibimiento en Zaragoza no pudo haber sido más cálido. Bajo el auspicio de Antonio, en la sede de Podemos nos esperaba, ya el mismo día de nuestra llegada, un nutrido grupo de personas de todas las edades interesadas en nuestro viaje: familias que creen que otra educación es posible, educadores, defensores de la educación pública. Fue una charla ilusionante y debatida que nos llenó de ganas de seguir reflexionando y descubriendo.

Cada día, al portal de la Consejera llegan personas comprometidas con la educación que se suman a Antonio, aunque sea sólo un rato. Mientras estamos allí con él, hay quien se detiene un instante a leer alguna de las pancartas. Un legionario nos mira con recelo, y discute con nosotros. Por unos minutos se nos une un grupo de estudiantes que anda de excursión... Son dos horas, pero el tiempo pasa despacio. Sobre todo en invierno, y a pleno sol en verano. La utopía, cada mañana, sigue guiando a Antonio, y nos ha traído con él hasta Zaragoza.

Sin embargo, aunque compartamos esa utopía, Antonio y nosotros la buscamos por sendas diversas; ir en silla de ruedas es, para él, una necesidad. Para nosotros, ir en bici es una aventura. Para él, defender la educación pública es un compromiso, una obligación que le impone la cruda realidad. Para nosotros, forma parte de un sueño: el de descubrir otras formas de aprender, de relacionarnos, y ofrecer a nuestros hijos e hijas una educación que no les anule, sino que les ayude a desplegar sus alas y volar tan alto como deseen.

Criticar el sistema educativo no equivale a criticar la educación pública. Lo que nos proponemos es, de hecho, contribuir a que la educación pública sea la mejor educación posible. Y pensamos que, en todas esas iniciativas privadas (y algunas públicas también) tan ilusionantes y sorprendentes que hemos conocido hay una oportunidad magnífica para demostrar que las niñas y niños aprenden mejor cuando no se les obliga a atiborrarse compulsivamente de conocimientos, cuando se les da el tiempo, la confianza y un entorno adecuado que no coarte sus necesidades de seguridad y de libertad. Esa, y no otra, es la base de una buena educación.

La dicotomía entre espacios de aprendizaje públicos y privados pierde su sentido cuando el objetivo es encontrar las condiciones en que el ser humano puede desarrollar todo su potencial. Muchas de las escuelas públicas que hemos visitado han tomado multitud de aspectos de pedagogías no convencionales, que se han podido elaborar en espacios privados precisamente porque éstos no están sujetos a las restricciones y la inercia que desgraciadamente a veces pesan sobre los espacios públicos.

Antonio nos pregunta: "¿Por qué no habláis a la gente de esas otras escuelas de aulas abarrotadas por ratios imposibles, donde no hay recursos, ni suficientes maestros, donde los niños y niñas llegan a clase sin desayunar porque en sus familias el dinero no alcanza? Escuelas de verdad, no escuelas de ensueño...". No hay que irse muy lejos para encontrar esas escuelas. Sabemos que están ahí. Pero también sabemos, en lo más hondo, que la educación puede y debe ser otra cosa. Y hemos tomado la decisión consciente, deliberada, de darle la espalda a este infierno de los vivos y de ir en busca de lo que nos inspira, de lo que nos alienta, y de quien, "en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio".

Nuestro viaje en bici ha sido, sobre todo, un viaje al encuentro de personas que nos han ayudado a cuestionar nuestros principios de partida. Dudar de nuestra perspectiva, tratar de ver con otros ojos, es una premisa fundamental para aprender, y para descubrir otra forma de educar. Salir de nuestro camino trazado, y atrevernos a transitar otros senderos, sin prisa, sin miedo, con los ojos y el corazón bien abiertos. Confiando en nosotros mismos, y pudiendo así confiar en los demás. ¿Cómo si no podríamos permitir a nuestros hijos e hijas seguir moviéndose por el mundo con ojos asombrados, con la fascinación desbordada, con la pasión a flor de piel por aprender y descubrir?

A quienes creen que la realidad se impone, que no hay salida, que las cosas seguirán su curso al margen de lo que hagamos... a ellos queremos decirles que esta transformación de la educación (no la que pretende la LOMCE, sino la que pertenece a las familias y a los educadores que saben que nuestras hijas e hijos merecen una escuela mejor) está ya en marcha, que la hemos visto con nuestros ojos, que no se detendrá porque viene cargada de convicción y de ilusión. Y que sólo depende de que quienes tratamos cada día de no ser infierno nos encontremos. De que creamos. Y creemos.

 

Con cariño de eponoco para Miriam, Pedro y Zoe.